Hay muchas personas que sienten que cada vez cuesta más decir lo que uno piensa. Eso preocupa bastante a Paolo Crepet, psiquiatra y sociólogo italiano, que vuelve a poner el foco en una transformación profunda. Su nuevo libro, ‘Il reato di pensare’ (El delito de pensar), recoge esa inquietud. “Si se ha vuelto tan difícil decir lo que se piensa, estamos mal”, advierte.
El problema, según Crepet, no es solo el uso de dispositivos, sino el tipo de relación que establecemos con ellos. Las redes sociales y la tecnología digital, explica, no solo median la comunicación, también moldean la forma de pensar. En ese proceso, se instala una homogeneización cultural que reduce el espacio para la duda, la discrepancia o la creatividad. “La cuestión es si hemos tomado un camino en el que incluso nuestro cerebro puede verse afectado”, resume.
Una generación que pierde matices
El ejemplo que propone es desconcertante. En Noruega, uno de los países pioneros en introducir tabletas en la educación infantil, los resultados han encendido todas las alarmas. Según Crepet, jóvenes de entre 25 y 30 años tienen dificultades para seguir los subtítulos en una película, lo que afecta a su comprensión de la trama. Se trata de un síntoma de algo más profundo: una pérdida progresiva de habilidades cognitivas básicas.
El dato provoca una pregunta. ¿Qué ocurre cuando la tecnología, pensada para facilitar el acceso al conocimiento, termina debilitando la capacidad de procesarlo? La respuesta no es sencilla, aunque Crepet insiste en que el problema no se resuelve eliminando dispositivos de forma puntual.
Prohibir no basta
En el cantón suizo del Ticino, las autoridades han decidido prohibir el uso de teléfonos móviles en las escuelas obligatorias. La medida busca recuperar la atención en el aula y limitar distracciones. Aun así, Crepet considera que el debate va mucho más allá. “Si quito algo, tengo que dar otra cosa a cambio”, plantea.
El reto, en su opinión, consiste en reconstruir una idea distinta de creatividad, de relaciones y de gestión emocional. No basta con restringir el acceso a pantallas. Hace falta proponer experiencias que devuelvan densidad a la vida cotidiana, que inviten a pensar, a imaginar y a vincularse con otros de forma menos mediada.
La responsabilidad no recae solo en los jóvenes ni en las familias, también en el conjunto de la comunidad. Crepet apunta a una tendencia compartida hacia la comodidad, una especie de refugio colectivo en la “zona de confort” que limita la curiosidad y el esfuerzo. Su propuesta final es la siguiente: “Sugiero elegir una vida hecha de cosas reales”.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana...